Sonó el timbre de la puerta y Hugo abrió, se encontró con Luis.
-Hola-dijo Hugo-¿Qué... haces aquí?
-Isabel ha vuelto-dijo Luis, estaba jadeando porque había ido corriendo a su casa.
-¿¡Qué!?-exclamó Hugo-Pasa y cuéntamelo todo.
Luis entró en la casa y se sentó en el sofá. De pronto vio a un niño mirándole.
-Hola-dijo Luis-¿Cómo te llamas?
Hugo contestó por el niño.
-Se llama Darío. Es mi único hijo.
El niño tenía el pelo muy liso y de color castaño, sus ojos eran azules y parecía muy tímido, tenía seis años, se fue.
-No sabía que tenías un hijo-dijo Luis.
-Tengo otra pero es una adolescente-dijo Hugo-Se llama Claudia.
Luis le contó que había oído hablar a sus vecinas de Isabel. Cuando hubo terminado Hugo le preguntó:
-¿Estás seguro de que hablaban de ella?
-Por supuesto-dijo Luis pero luego dudó un poco-O no.
Hugo se levantó y fue a la cocina.
-¿Quieres un café?-preguntó desde allí.
-No, gracias-dijo Luis, se acercó Hugo con una taza de café y empezó a tomársela-Pero podemos averiguar donde vive.
Hugo asintió con la cabeza.
-Papá-dijo Claudia entrando en casa-Esta noche unos amigos y yo vamos de camping al bosque, puedo ir, ¿verdad?
-Pregúntale a tu madre cuando vuelva-dijo Hugo-Y si te dice que sí, llévate a tu hermano.
-Papá-suplicó Claudia-No quiero llevarme a Darío.
-Entonces no vas a ir-dijo Hugo, se volvió hacia Luis-Bueno, ¿algo más?
-No dijo Luis y se fue, lo último que oyó fue que Hugo decía algo a Claudia.
-No se os ocurra ir a la mansión abandonada, podría caerse.
-Papá no se ha caído en cientos de años y se va a caer justo encima e nosotros-dijo Claudia.
La casa abandonada se encontraba a varios kilómetros al norte. Era una finca con una casa en el centro, su dueño había muerto años atrás y la casa no había encontrado nunca un comprador.
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