El timbre no paraba de sonar y no contestaba nadie. Pronto apareció Hugo y abrió la puerta.
-¿Qué pasa?-preguntó Hugo.
Era Luis y tenía un periódico, estaba pálido y enfadado.
-¿Me puedes explicar qué es esto?-dijo Luis mostrándole el periódico.
En la portada había dos imágenes, una oveja desangrada con un mordisco muy raro en el cuello y Darío.
-Dos ataques a la vez en Torrelaguna-leyó Hugo-Anoche hubo dos ataques en el pueblo de Torrelaguna, una oveja que pastaba en su granja y un niño de unos seis o siete años. El niño está vivo pero en coma, la oveja murió, lo más raro... es que no tenía sangre en su cuerpo.
Hugo levató la vista y vio a Luis frunciendo el ceño.
-Darío, es posible que haya perdido mucha sangre-dijo Luis-Yo no soy médico pero mira a ver.
Hugo fue a la habitación de Darío y llamó al médico.
El médico tardó poco en llegar a la casa, una vez allí Hugo le pidió que le analizara la sangre. Le puso la aguja y le empezó a sacar sangre, todos miraron aterrorizados.
-¡Es negra!-exclamó el médico consternado-Además, no tiene mucha sangre.
-¿Quién le habrá atacado?-preguntó Hugo, nadie tenía la respuesta así que nadie habló.
Al rato Luis rompió el silencio.
-Soy policía, investigaré este caso.
Era por la tarde y Luis iba a recoger las cosas para irse a casa, pero una mujer la interrumpió.
-Luis, debes investigar esto-le tendió los papeles encima de la mesa-Tienes que preguntar a todos los sospechosos de este asesinato.
-Elena-dijo Luis-Tengo que irme a casa, además quiero investigar ese caso de la bestia de Torrelaguna. Adiós.
Elena era su jefa y se llevaban fatal.
-¿Y ahora quién llevará este caso?-se preguntó.
-Hola Elena-dijo un compañero-Tengo una idea, ya sé quién puede llevarlo.
-¿Quién?-dijo Elena ansiosa.
-Tú-dijo y se fue.
Luis cogió el coche y se fue por la carretera. Deseaba ver el lugar donde Darío había sido atacado. Llegó a la valla de la casa abandonada.
-Villa Bonita-leyó Luis-Eso sería antes
Miró la casa y vio que estaba a punto de caerse, nadie podía vivir allí. De pronto vio una luz en una de las ventanas.
-¿Pero qué?-dijo Luis, entró en el jardín-Serán mendigos los expulsaré.
Llegó al porche de la casa y tocó el timbre, para su sorpresa aún sonaba. Entonces la luz se apagó y Luis vio correr una cortina y detrás de las cortinas una cara.
Se quedó paralizado en el sitio, no conocía la cara pero tenía ojos rojos y era lo que le había dado tanto miedo. Corrió hacia el coche, esa casa siempre le había dado miedo pero ahora más.
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