30 ago 2011

Capítulo V

Al día siguiente Luis fue a trabajar como todos los días pero estaba en las nubes, estaba pensando todo el rato en la cara de la ventana de la casa abandonada, se estremeció de horror.
-¿Qué te pasa?-preguntó Elena.
Luis no contestó, Elena le pasó la mano por delante de su cara y no reaccionó, no tuvo más remedio que darle una torta, entonces Luis se despertó.
-¿Qué pasa?-preguntó otra vez Elena.
-Nada-dijo Luis, Elena se iba a ir-Espera Elena, ¿la mansión cuanto lleva abandonada?
-No sé, unos... veinte años más o menos, ¿por?
-Creo que tenemos un nuevo vecino-dijo Luis.
-¿La casa encontró comprador?-preguntó Elena.
-No tengo ni idea pero vi una cara asomarse en una de las ventanas
-Iré esta tarde a ver, a lo mejor son yonkis, borrachos o vagabundos-dijo Elena.
-Gracias Elena-dijo Luis, ella se fue.

Era por la tarde y Elena iba en su coche camino de la casa abandonada, era una tarde preciosa, de repente a lo lejos, en la carretera vio algo y se paró, bajó del coche y llegó al lugar del objeto. Entonces vio lo que era y le dieron arcadas.
Cogió el móvil y miró la cobertura, no tenía.
-Mierda-dijo Elena.
Miró de nuevo lo que había, era un joven de unos veintidos años muerto, había junto a él un charco de sangre negra como el carbón, en el cuello tenía una mordedura muy rara.
Elena cogió unos guantes, abrió el maletero del coche y cogió el cuerpo y lo metió en el maletero, lo cerró bien para que no oliera y entró otra vez en el coche.
Al rato llegó a las vallas de la casa y entró, antes leyó una cosa que no estaba antes.
-Villa L´abregal-leyó Elena-¿Qué tiene que ver esto con la casa?
Llegó al umbral de la casa y llamó, entonces se abrió la puerta y Elena sacó la pistola por si abría un monstruo, era muy poco probable, pero por si acaso. Entonces cuando Elena vio a la persona que abría la puerta se quedó paralizada y solo pudo decir una cosa:
-Tú.

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